13.
















































«Te llama Borja desde su despacho. Comunicación holográfica. ¿Te pongo?» «Sí. Pero primero apaga la tele».

- Marlena, cariño. Me alegro de que estés en casa. ¿Has oído la noticia?

- Estaba viendo el canal local ahora mismo. Pero de hecho me he enterado casi en directo. Recuerda que vivo muy cerca del E-C. He puesto la tele porque he oído la explosión... Oye, ¿siempre estás en bolas en tu despacho?

- Digamos que a menudo. Pero no es la cuestión. Estoy preocupado por esto.

- No me extraña. ¿Qué crees que pueda ser? O mejor dicho, ¿quién?

- Ni zorra idea, cielo. Robe tiene más enemigos que soles la galaxia, pero hace siglos que nadie se atreve a enfrentarse a él.

- Eso creía. Al menos aquí, en nuestro país. Así que debe tratarse de alguien bien preparado y dispuesto a una guerra en toda regla, o no habría atacado algo tan emblemático como el Explorer Café Uno, ¿no crees? Oye, cariño, deja salir a ese pobre pitbull de debajo de la mesa. ¿Pensabas que me iba a poner celosa por algo así? O quizás es que querías guardártelo sólo para ti, porque lo que sí que te digo es que alguna vez me gustaría compartirlo, ya sabes, pasar los dos un buen rato con el perro...

- Eres un cielo, preciosa. Prometo llevarlo esta noche cuando vaya a cenar a tu casa.

- Vale, pues te dejo de momento que lo vayas disfrutando. Y no dejes de llamar si te llegan novedades, ¿de acuerdo? Venga, te dejo.

- Hasta la noche pues.

«Desnudo en el despacho, ¿no te jode? Como que estaba para montárselo con un pitbull albino y precioso... Y lo que me molesta es que me lo esconda, claro... Si me ha puesto caliente, el muy cabrón.

«Eddie, ¿qué hay en el archivo de películas X con el identificativo 'zoofilia'?»




A Man, la noticia del atentado contra el Explorer Café le pillaba en el coche, de camino al centro empresarial donde estaba el despacho de Robe.

No iba a tratar directamente con él de momento, claro. Pero había concertado una audiencia con su secretaria, una chica joven llamada Dana. Esto ya era todo un avance, considerando que la secretaria del Gran Hermano no era lo que la designación de su puesto indicaba, sino casi el segundo de a bordo. Al padrino le gustaba tener siempre una mujer al tanto de todo, en cierto modo en orden al dicho: 'detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer'.



1ª edición 199902 - 199906
2ª edición 200510192130