Tuve algunos novios fugaces. Un prostituto, un peluquero y algún rollo de una o pocas noches. Entonces llegó M, con aspiraciones de cantante y una gorra permanente en la cabeza.
En mayo de 1999, mi hermana mayor y yo habíamos comprado el piso, ella el ochenta por ciento y yo el veinte, y en agosto nos habíamos mudado. En navidades de 2000 conocí a M. En primavera de 2001, se vino a vivir a Madrid, así que me alquilé un apartamento en mi antiguo edificio y me mudé con él. Hacia el verano la cosa era insostenible. Y por fin se fue.
Antes de que se fuera, cuando ya eran todo gritos y silencios, conocimos a G. La misma noche que le conocí amanecí con él en un parque. Un extraño flechazo. Pero G desapareció.
El 11 de agosto de 2001, yo quería salir. Me encontré con un conocido y me acoplé a él y a sus amigos. Me emborraché y me enrollé con V. A la mañana siguiente, dio por hecho que estábamos saliendo. A los pocos días, le pedí tiempo. G había vuelto a aparecer.
Una semana después de conocernos, lo habíamos dejado, y una semana después de dejarlo, habíamos vuelto. G seguiría siendo un extraño flechazo incompatible. Una figura ausente.
Quise a V. Sí le quise. Se fue quedando más en mi apartamento, hasta que el 20 de junio de 2002 ya no se fue. Por nuestro primer aniversario le regalé a Midas, una pitón. Poco después nos mudamos a otro piso de alquiler.
El 28 de mayo de 2004, le compramos a mi hermana su parte del piso, por mitades, con lo que yo pasaba a ser propietario del sesenta por ciento y V del cuarenta. Poco después teníamos en casa un cachorro de perro guía que mi hermana había acogido para su primer año. Finalmente, lo tuvimos nosotros durante unos ocho meses. Y antes de que se fuera, compramos a Sauron, nuestro bebé, dogo alemán (o gran danés) arlequín, nacido el 21 de noviembre de 2004.
Y Sauron también supuso cambiar de coche, del Fiesta que V tenía cuando nos conocimos, a una Kia Carens, donde Sau podía viajar cómodamente.
En verano de 2006, llegó Reyko, una doberman a escala -o sea, una pinscher negra- nacida ese mismo verano. Más que nada, para que Sau no estuviera solo los días de diario o si alguna noche queríamos salir. V nunca llegó a llevarse bien con ella, aunque la había elegido él.
Ya habíamos decidido casarnos. Habíamos formado una familia con casa, coche, serpiente y perros. Suegros, padres, hermanas, cuñados y amigas y amigos. El 23 de noviembre de 2006, recibíamos nuestro libro de familia en el Registro Civil de Madrid, y el siguiente sábado lo celebrábamos con los más cercanos y con los pingüinos de Faunia. Por la mañana tomábamos el avión a Ciudad de México.
Esas navidades las cosas empezaron a fallar. V y yo pasábamos cada vez más tiempo frente al ordenador. Hablando cada vez menos. El 26 de enero, yo accedía a mi puesto de trabajo actual, lo que suponía empezar a viajar por trabajo. Y eso ya marcó el final.
Llegó el silencio del que ya no salimos. Si V me dirigía la palabra, era para decirme algo que yo debía hacer, o para echarme algo en cara. Cuando tocaba ver a la familia del otro, preferíamos evitarlo.
Ninguno de los dos quería preguntar o responder qué ocurría, dónde estaba el problema y si tenía solución, o si tan siquiera queríamos buscarla. Cuando por fin planteamos la situación, fue para romper.
V se buscó un apartamento en el pueblo donde viven sus padres. Firmamos la separación de bienes, y el 29 de mayo de 2007 le compré su porcentaje del piso. Una vez que arregló la compra de su apartamento y la mudanza, se marchó. Era junio.
Como se quedaba con Sauron, se quedaba también el coche. Se llevaba también a Midas, claro, que al fin y al cabo era un regalo que yo le había hecho. Y además porque yo, viviendo solo y viajando, no podía cuidar de los animales. Pero, como él no quería tener a Reyko, la peque vive ahora con mi madre.
Desde entonces, he tenido alguna noche de sexo más o menos anónimo. Pero en Internet conocí a K -no puedo asegurar si a finales de 2007 o a principios de 2008- y la cosa ha ido a más. Vuelvo a estar enamorado.
No sé si sería un buen momento para tramitar el divorcio con V. Tampoco sé si volveré a casarme, de todos modos. Pero puede ser adecuado hacerlo ahora, puesto que me voy fuera de España para un año, puede que para dos. Aún no sé qué día me incorporo en mi nuevo puesto; pero será en septiembre, o como tarde el 1 de octubre.
|