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«Envía con un predeterminado formal, no sé». «Clasificados como formal: Carta formal, Negocios, Anuncio formal...» «¡Mierda! A veces olvido que hablo con una máquina. Formato: predeterminado Negocios. Texto... ¡Ah, no! Este lleva encabezado. Encabezado: QUE TE FOLLEN. Texto: Hola, cielo, soy tu querida Diva, aquel jovencito flaco y feúcho al que te follaste una temporada y a quien diste unas cuantas canciones y unos modelitos de tu amigo JTô para que se convirtiera en la nueva diosa de la música de baile. Créeme que no lo olvido. Y no olvido la cantidad de dinero que has ganado gracias a mí. Y no olvido que hace mucho que ya no escribes tú, y que últimamente mis éxitos son míos más bien a tu pesar. Porque tus principios para una carrera comercial no sirven a la altura a la que estoy. Soy una figura consagrada, y ya no me corresponde cantar chorradas que no dicen nada nuevo, ni ir a programas baratos de promoción. Cariño, mis ventas siguen subiendo y sin ti, y estoy harta de que te quedes parte del que ahora es legítimamente MI dinero. No se puede obligar a alguien de por vida aunque nuestro contrato fuera indefinido, así que dime cuánto quieres y terminamos de una puta vez. Quiero olvidarme de ti. Estás despedido. Se acabó. Que te follen. Joder, no sé qué más decirte. ¡Mierda! Fin del texto. Corrige... Da igual. Enviar». «Mensaje enviado».

«Pon música. De evasión. Dana International: Diva. Así nació un mito en que creer, después de todo. Y prepara un baño caliente, con leche fresca y sales. Espero que me queden pastillas @. Necesito relajarme y flotar un rato».

En cuanto se acercó a la puerta de su casa, ésta se abrió y su mayordomo salió a recibirle. Este holograma no era, por supuesto, tan sólido y real como los que proyectaba el home-comp de Marlena Diva. Su ordenador no era tan avanzado - ni falta que le hacía. Man no era un apasionado de la tecnología como su cantante.

- Buenas noches, Man. Tienes un mail - sonó una voz parecida a la de la Diva, pero carente de vida, mientras la traslúcida imagen tridimensional parecía mirarle. La voz se parecía a la de Marlena Diva pero sonaba más masculina además, en correspondencia con la imagen-mayordomo: David, el holograma del hombre que una vez fue el cuerpo de la actual gran estrella. Algo modificado, eso sí: Man había incluido piercings en los pezones, la nariz, el labio inferior, el ombligo y el glande.

«Paso de mail. Marlena, seguro. Preciosa, sin hormonas eras mucho más sexy. Sólo te faltaban unos cuantos agujeros y unos latigazos bien dados para ser el perro perfecto».

Se dirigió a "la perrera", como él llamaba a aquella habitación, a ver a su mascota.




1ª edición 199902 - 199906
2ª edición 200509021931