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Estaba firmemente atado y llevaba una especie de tanga de látex transparente, del mismo tipo del que se usa para fabricar condones. La soga del cuello estaba floja, pero la que mantenía sus piernas y brazos abiertos sobre la silla de cuero negro podrían cortarle la circulación a poco que tirase. Por suerte, no tenía un pelo de tonto.

Apretó la cuerda al cuello, forzando la cabeza a inclinarse hacia atrás. Se subió a la silla, rozando los muslos con sus botas, se abrió la bragueta y sacó su polla. Comenzó a mear sobre su cara. El "perro" abrió la boca y bebió con avidez. «Pobrecito, debes tener sed». Lo había tenido sin beber ni comer durante dos días.

Se la sacudió un par de veces y se la guardó, mientras el "perro" se relamía con placer. Sin haber cruzado ni una palabra, ni un sonido, salió de la estancia cerrando la puerta tras de sí, dejando a su mascota de nuevo solo y a oscuras.

«Necesitas una ducha», pensó. «Y algo de comida y luz. Creo que mañana te sacaré a pasear».

«Pero eso será mañana. Esta noche te visitaré, cortaré esa goma que hace sudar tu polla y te la ataré con un cordel fino, y con un dedo, sólo con un dedo, conseguiré que te corras en mi cara».

- Salón, pantalla - dijo en voz alta -. Apocalypse Canibal.

- Te recuerdo que: tienes un mail.

- Guardar. Primero quiero cascármela.


Marlena Diva salió del baño desnuda y se dispuso a elegir algo sexy que ponerse. «Sexy pero elegante», pensó. Había quedado para cenar con Borja, quizás el hombre más importante de la industria discográfica en Europa.




1ª edición 199902 - 199906
2ª edición 200509111253