- Así de que te vas... Pues cariño, buena suerte y que Santa Mónica Naranjo acoja tu alma en sus senos.
- Óscar, mona, sabes que no es nada personal; pero es que no te aguanto más. Hemos estado compartiendo piso nada más que porque yo no me podía pagar uno. Ahora tengo un sueldazo y no te necesito. Así que adiós.
- Jo, pero, ¿y dónde encuentro yo ahora una niña mona y con bonitas tetas, y que sea un poco tonta para que comparta el piso conmigo y flipe con mi look y los chulazos que me ligo, di? - Óscar se echó a llorar. Y mientras Dana salía por la puerta conduciendo su maleta, comenzó a prepararse una raya para animarse.
«Al fin y al cabo da igual», pensó, «se estaba ya convirtiendo en una puta de lujo... La segunda dueña del mundo, casi. Y no mola compartir piso con alguien que te supera en nivel. Yo me hice para impresionar, no para comparsa de zorras ricas. Bueno, niña, te quejarás: no veas lo que has podido aprender de mí».
En el taxi, Dana pensaba en otras cosas. Se le había hecho tarde. Tendría que ducharse y vestirse rápido y dejar las maletas hechas hasta el día siguiente, pues probablemente cuando llegase a su nueva casa ya estaría allí el tal Man esperando. No estaba nada mal el chico, aunque tenía un algo desagradable, algo en su forma de ser... De todos modos, lo importante era que había sido el manager de Marlena Diva a lo largo de toda su carrera, y que ahora no lo era. Parecía claro que le guardaba rencor por algo, y de hecho su relación parecía haber tenido un mal final. Una oportunidad a aprovechar.
Se pondría un vestido sexy, cenaría con él, se lo tiraría, se lo ganaría como aliado contra la "superestar" y encima él pensaría que le había hecho un favor. Con lo cual podría además sacarle algo de otra importante cuestión: a veces la intuición femenina es infalible, y Dana estaba segura de que Man sabía cosas sobre el atentado del E-C Uno que a ella le podrían venir muy bien para ganar puntos con Robe.
«Gran Hermano, Gran Hermano. Nadie me había dicho que en mi contrato se incluyese esta pedazo de mansión junto a la tuya... aunque por otro lado es una forma de atarme a ti. Pero me mola, y procuraré pagarla con creces, ya lo verás».