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| EN LA BLANCA HABITACIÓN CON LOS FLUORESCENTES BLANCOS. |
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. Mastica soledad. En una amplia habitación rectangular de pequeños azulejos blancos y techo demasiado alto. Utilizando una de las cavidades blancas suspendidas de la pared, ostentando su marca comercial azul. Y a la izquierda los lavabos y el espejo corrido. Y a la espalda los retretes, blancos en blancos cubículos. Y a la derecha una pared desnuda . Es de noche y la habitación, tan blanca y tan hueca y a la luz de los fluorescentes fríos, destila vacío y soledad. Donde los pasos retumban y el goteo en las cañerías suena profundo e infinito. Mastica soledad . La fiesta, o lo que queda de ella, se ha quedado fuera, con sus tejidos brillantes y sus colores cálidos. Afuera queda el suelo encharcado y pegajoso y algunos cristales rotos. La música alta y quien sigue bailando. Los que ven cómo otros se divierten mientras les sirven otra copa de alegría disidente u olvido. Amigos y desconocidos que charlan y ríen y fuman y beben y bailan. Y mientras fuera continúa esa especie de felicidad ligera, sus pies de barro son el asomo de la resaca al levantarse que flota en la mente de la blanca habitación. - ¡Ah! Estás aquí. Te estaba buscando . Qué mala es la soledad. Fuera, bebiendo y bailando, disfrutas uno más de la cabeza vacía. Dentro el alcohol es vapor que le imagina entrando, con una copa negra en su derecha y otra roja en su izquierda, para ti y sonriendo. Sonrisa turbada y decisión a medias que te da un vuelco el corazón . Tres sacudidas y subes la cremallera. Tu lengua piensa que te gustaría no haberlo hecho personalmente. O que no estaría mal repetirlo en otros pantalones . Sin mirar directamente donde está la duda, sacas y enciendes un cigarrillo. Y si estás solo le puedes dar el capricho al delirio, que si no se ha ido a casa andará con sus amigos. O con otro. O solo. Le ofreces un cigarrillo y te lo acepta. Y pone en tu mano la copa roja, con un roce que sabe suave, cálido y tímido. Los sueños alcanzan cota de perfección en lo sensitivo. - Hola - dices tú ahora. - Hola - responde casi dulce . Qué pocas palabras en voces tenues de timidez. Pero sabe lo que bebes y si el sueño es tuyo tú sabes cómo quieres que siga. Es forma lógica. No evita que tu saliva sea pastosa y te tiemble la mano al beber de la copa, roja y fantasma . Él mira al suelo. El tiempo se ha detenido en silencio. Bajas la copa dudando. - Si estás aquí... hasta el final . Él levanta la mirada. Te ofrece los labios. Si es un sueño, vapor etílico y ácido de color caliente de la blanca habitación, que nadie entre a interrumpirlo. Y si el calor de sus dientes es real y el roce de su muslo alto entre tus piernas, que nadie entre a interrumpirlo. Escrito: pX19981104 Publicado en JTô: 200511142155 2 comentarios en el blog:
Muak
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