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Marlena Diva escuchaba su último trabajo, un conjunto de temas entre el trip-trance y el trip-be'jazz, su mejor descubrimiento musical. Su home-comp enviaba la música directamente a la "primera fase" de su mente, con lo que podía disfrutar a tope de la música sin riesgo para sus oídos, y sin necesidad de ir a una discoteca o conectar el potente equipo de sonido que hacía retumbar las paredes de la casa cada vez que daba una fiesta.

No todo el mundo tenía un home-comp como el suyo, capaz de emitir y recibir información en modo subvocal; o sea comunicando directamente con la llamada primera fase de pensamiento. Para Marlena resultaba un lujo muy práctico no tener que emplear pantallas, micros o altavoces para comunicarse con su gestor de hogar. Entre otras cosas, le había permitido plasmar en notas instrumentales cualquier melodía que le pasaba por la mente, sin tener ninguna formación ni instinto musical. Le bastaba con ir "pensando" de forma consciente cómo le gustaría que la música sonase.

Su último disco acababa de salir al mercado y alcanzaba ya los números más altos en música de baile. Y tenía que agradecérselo a su Eddie, como le llamaba. No sólo le había facilitado el proceso creativo, sino que de hecho el disco lo había grabado él, sin necesidad de que la Diva cantara una sola nota "real".

Ni un músico. Marlena pensaba cómo quería que sonasen los instrumentos, y Eddie lo grababa. El flamante home-comp de última generación incluso - y aunque no se puede evitar "pensar con la propia voz" - le había permitido modificar, deformar e incorporar efectos en las pistas vocales.

Sonaba ahora en la mente de Marlena Diva su mayor osadía: una balada de ritmo exageradamente lento y grave, con letra íntegramente en español, y para la que había conseguido pensar su voz de un modo completamente femenino.

Le emocionaba escucharla. No sólo por la letra, sobre su eterno dilema con la operación - lo único que le faltaba para compararse directamente con la diosa, Dana, y aún salir ganando -, sino sobre todo porque esa era la voz que verdaderamente quería para sí. Su verdadera voz.

Con suavidad y sin que la música se interrumpiera, supo que su agente esperaba en la puerta.

"Que santa Dana International y todas las diosas de silicona me protejan de ti, cabrón", pensó mientras mentalmente apagaba la música y abría la puerta. Cambió sus vaqueros viejos por una bata de batista rosa casi transparente, y salió al salón a recibirle.

- Cariño, me pillas sin maquillar.

- Con sólo afeitarle ya estás preciosa, cielo.




1ª edición 19990219
2ª edición 200508262133

1 crítica recibida
    No sé por qué presiento que me voy a enganchar a esto...