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Te has despertado en tu cubil improvisado, y tu cuerpo estaba rígido, frío y dolorido, con la humedad de la tierra y de la hierba helada formando agujas vacías en tus huesos. Frágiles huesos, ya, y son casi lo único que te queda. Aún has tardado en descubrir dónde estás. Cada día es un sitio diferente, y nunca sabes cuál es o cómo has llegado hasta él. Y con suerte, al despertar ha caído ya la noche. Así el sol no viene a cebarse en tus ojos y ese malestar que huele a resaca y cercanía de la muerte.
Ya era de noche cuando has despertado, sí, pero es invierno y en lugar del sudor pegajoso te pesa y aguijonea el hielo que trae la luna. Te ha sido fácil descubrir que el edredón mugriento que te envuelve no está resguardado por paredes ni techumbres. Y el paso de otro Cercanías te ha terminado de aclarar que fue uno anterior, al pasar junto a tu cobijo con su furia de voz y su relámpago de luces, lo que te ha despertado. El Pozo o Vallecas, Vallecas o El Pozo. No importa, seguro que estás entre las dos. Esta es tu zona. Tu barrio. Tu casa sin puertas ni paredes ni el calor de los tuyos. Los tuyos quedaron ya muy atrás. Escrito: 200006231935 Publicado en JTô: 200606221630 1 comentario en el blog:
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