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| De vez en vez |
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La otra noche volví a encontrarte. En el mismo local. Sentado, la copa en la mano y bajando. Los hielos sin deshacer. La mente varios kilómetros más allá de los conversadores en torno. Nunca me es posible imaginar el mundo a que te abstraes, y por qué paseas tu personal nirvana entre la distracción vacía de los que habitan las noches de los bares. Supongo que tampoco la respuesta a esas preguntas solucionaría el enigma del sentido de la vida. Y mientras tanto, tú simplemente estás y yo simplemente te miro. Y quizás me convierto en otro ser que está, sin más. Desdibujo los retazos de conversaciones que me llegan deshilachadas desde la gente alrededor. Todo pierde influencia. Todo gana fluencia. El mundo sigue su críptico curso y en el curso fluido de la noche tú y yo nos hemos situado en una orilla. Viendo pasar los trenes desde un andén vacío. Viendo a la gente consumir sus vidas, parece que el tiempo no transcurra entre el aire y tu piel. Y tengo al mirarte la sensación de que el tiempo se suspende igualmente en mí. Si alguien se cruzase en el haz sin horas que mis ojos establecen con tu rostro, probablemente se desintegraría. No te sé. Te desconozco. Te envidio. Te admiro, y temo quebrar tu paz. No deseo conocerte pero sí compartir tu aura trascendente. No deseo preguntarte pero sí observarte. Deseo romperte, abrirte y ver qué secreto escondes. Y a la vez pienso que carece de importancia. Y una onda perfecta me lleva de la dependencia a la indiferencia. Te necesito y me das igual. Así, sigue tu copa bajando en tu espacio sin tiempo, y sigue mi copa bajando en mi espacio sin tiempo. He establecido entre tú y yo el vínculo más absurdo. Y lo olvidaré, hasta nuestro próximo encuentro. Escrito: 20000627091735 Publicado en JTô: 200510222200 Ningún comentario en el blog. |
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